Quinta Píldora Literaria Coeducativa - Joana Bértholo

Esta propuesta parte del Departamento de Portugués de la escuela, en concreto de nuestro compañero Juan y dos de sus alumnas, que leen magistralmente el cuento «A Máquina de Produzir Naturezas» de Joana Bértholo.



La traducción al español del cuento es la siguiente:


Cuando ya había una máquina en el mundo para producir todo y por tanto ya todo era hecho por máquinas, dejaron de saber qué inventar. Incluso ya se había inventado una máquina de producir humanos y una máquina de producir inventos. Y una máquina de producir máquinas, claro está, que había sido inventada hacía mucho tiempo. Aburridos, intentaron concebir una máquina capaz de producir otra cosa que no fuese ni máquina ni humano. Fue así como nació la máquina de producir naturalezas.

La máquina de producir naturalezas era enorme, ocupaba varios almacenes de aquellos que se miden diciendo cuántos estadios de fútbol pueden contener. Inmensos estadios de fútbol, inmensos. Consumía más energía que las industrias metalúrgicas y siderúrgicas juntas. Expulsaba más detritos tóxicos que la industria papelera. Funcionaba muy bien y se convirtió en un gran éxito. Fueron instaladas máquinas de producir naturalezas un poco por todo el mundo.


Recibió todo tipo de materias primas tecnológicas: televisores, teléfonos móviles, ordenadores, incluso batidoras eléctricas. Los desmanteló, redujo los diferentes componentes hasta sus elementos más básicos, fundía los materiales que podían ser fundidos y lo procesaba todo en un enorme tambor, que hacía temblar el edificio y del que emanaba un olor nauseabundo a azufre. Después de unas horas de procesado, la fase de producción había terminado. El producto final, la tapa abierta del enorme tambor, eran todo tipo de naturalezas: bosques vírgenes, ciervos salvajes, arroyos cristalinos y pajaritos silbadores. Después de esto, hubo un equipo especializado de funcionarios que se encargaban de la distribución y de la plantación de bosques, la apertura de cascadas, la restauración de especies extinguidas y la fertilización de suelos agotados por los monocultivos.

A los consumidores les gustaron tanto las naturalezas disponible en el mercado que empezaron a entregar todos sus aparatos eléctricos a cambio de trocitos de naturaleza en sus patios. Para los que vivían en la ciudad, había pequeños kits que se podían poner en el balcón o en el tejado. Dos o tres teléfonos móviles y un iPad, o un lavavajillas eran suficientes para comprar uno de estos pequeños kits, pero la gente se volvió codiciosa, y entregaron coches, jets, semáforos de la ciudad, escaleras mecánicas, el mecanismo para abrir la puerta del garaje, ascensores. En todas partes, la gente aspiraba a adquirir muchas más naturalezas de las que eran capaces de consumir. En poco tiempo toda la población mundial estaba bajo el efecto de esa fiebre por adquirir naturalezas. Ya no había tecnologías que pudieran cambiar por naturalezas. Sólo había naturalezas.







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